Mostrando entradas con la etiqueta IMA SÚMAC. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta IMA SÚMAC. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de noviembre de 2008

SE FUE LA HIJA DEL SOL



Murió Ima Súmac y quien para describirla mejor que César Hildebrandt:

“Su biografía oficial era una retahila de mentiras maravillosas y trampas cazabobos. Por supuesto que no descendía de Atahualpa como aseguraba manoseando los collares de oro y plata con que se presentaba a las entrevistas, por supuesto que no era sacerdotisa ni virgen del sol ni vestal sobreviviente o reencarnada, por supuesto que Moisés Vivanco no esperó a que ella tuviese 20 años para desposarla, por supuesto que no había nacido en 1927 y por supuesto que no se llamaba Ima Súmac.”

Hay que ser sinceros los jóvenes no le damos la importancia debida a quien se encargó de difundir nuestro legado cultural por todo el orbe. Escuché a Ima Súmac de pura casualidad de niño cuando, hurgando en la discoteca de la casa, manipulaba el tocadiscos para escuchar lo que había en la colección. Seguro escuché tres canciones y nada más, mis oídos aún no estaban preparados para escuchar a una diosa.

Sigue Hildebrandt:
“Dicen que en el hotel donde se alojó los quince días furtivos que nos visitó, Ima Súmac pidió una radio a transistores porque quería comprobar si lo que le habían dicho era cierto: que en el país que había dejado (y no dejado) en 1944 –fue el año que se fue a Buenos Aires para cantar en Radio Belgrano- la música que invadía casi todo el dial era un combo de guitarras eléctricas y voces recién bajadas de los árboles, de cumbias rebajadas y letras sin ortografía, de chapulines y chapis y princesitas luciendo sayonaras y caries en clave de sol. Dicen que comprobó todo eso y se puso más triste de lo que había venido.”

Mujeres a las que queremos asesinar por infieles porque somos unos cachudos monumentales, se resumen las canciones de hoy. Venganzas con chaveta y mares de cerveza. Estamos acostumbrados a cumbias, tetas, chuculunes y guitarras pegajosas con sonidos perfectamente olvidables. Una pena.
La nota completa de Hildebrandt acá.